Dragones del este, dragones del oeste

«En la génesis de la idea mítica del dragón pudo intervenir el asombro al descubrir restos de monstruos antediluvianos. […]

En la Edad Media, y en Occidente, los dragones tienen el busto y las patas de águila, el cuerpo de enorme serpiente, alas de murciélago y la cola terminada en dardo y vuelta sobre sí misma. […]

La asociación dragón-rayo-lluvia-fecundidad es frecuente en los textos chinos arcaicos, por lo cual el animal fabuloso es el elemento de relación entre las aguas superiores y la tierra».

Fuente: CIRLOT, Juan Eduardo. Diccionario de símbolos. Madrid: Siruela, 1997, pp. 178-181.
Imagen: Símbolos del dragón empleados por las marcas Lindt y Dragonair.

Ouka Leele va al gimnasio

Fotografía publicitaria del icono de la movida madrileña de los años 80 del siglo pasado, la fotógrafa Bárbara Allende Gil de Biedma, más conocida por su nombre artístico «Ouka Lele» o «Leele» a partir de 1999.

Fuente: El Paseante, nº 7. Madrid: Siruela, 1985, pp. 6-7.

El origen del «hielo caliente»

«—Ahí está la cosa, amiguito —dijo fatigadamente— […] helábamos aquel agua caliente tan endiabladamente aprisa que el hielo quedaba tibio todavía!»

Fuente: ASIMOV, Isaac. «Cronogato», Isaac Asimov: Selección 3. Barcelona: Bruguera, 1983, p. 16. Relato publicado originalmente en la revista Astounding, en el año 1941.
Imagen: Ilustración del paradójico «hielo caliente», uno de los productos más valiosos en el videojuego No Man’s Sky.

El Universo Paralelo de Luigi Serafini

Imagina peces con largas melenas, árboles nadando en el mar o plantas que llueven sobre sí mismas. Estos seres viven en el Codex Seraphinianus —una posmoderna vuelta de tuerca al Manuscrito Voynich—, que fue dibujado y escrito en un lenguaje imaginario por Luigi Serafini. O quizá, como nos cuenta Luigi, la verdadera autora fue una gata blanca; quién sabe.

Fuente: SERAFINI, Luigi. Codex Seraphinianus. Milán: Rizzoli, 2015.

Welcome to Cádiz

Los viajeros que circulaban a finales del siglo XX por las carreteras gaditanas, encontraban en las entradas de pueblos y ciudades estas señales turísticas que, con formas y colores sencillos, trataban de condensar los encantos de cada población. Poco a poco fueron desapareciendo del paisaje estos optimistas carteles de bienvenida que, aunque tuvieran como función principal la de incitar a los turistas a hacer una parada en su viaje, sirven al recuerdo como alegres símbolos de un tiempo pasado.

Terrorismo publicitario

SCHMID y HOFFMANN. Plakate, 83 x 60 cm. Stuttgart: Emil Hochdanz, 1925.

En los primeros tiempos de la publicidad —entonces denominada, sin ambages, propaganda—, se impuso la teoría de que era prioritario impactar al público para que un cartel fuera eficaz. Seguramente nuestros amigos Schmid y Hoffmann tuvieron ese objetivo muy en mente al diseñar este explosivo cartel.

Fuente: Guido Tön