
«…Eran cinco hermanos, todos dedos de nacimiento; estaban en fila uno al lado del otro, aunque eran de distinta longitud. El del extremo, Pulgar, era corto y grueso y estaba fuera de la fila y solo tenía un ángulo en la espalda; solo podía doblarse una vez, pero decía que si alguien no lo tenía quedaba excluido del servicio militar. El dedo Índice se metía en lo dulce y lo salado, señalaba al sol y a la luna, y era él quien dirigía al escribir. El Largo miraba a los demás por encima del hombro. El Anular llevaba anillos de oro en la barriga, y el Meñique no hacía nada y estaba de lo más orgulloso de ello. Era un fanfarrón y siempre será un fanfarrón…»
Andersen, H.C, «La aguja de zurcir», Cuentos completos. Madrid: Ediciones Cátedra, 2005. p.328
